Biografia de mi Madre Maria Matuz

A los siete años María Matuz se percató de sus dones de curandera o hitebi

En Sonora durante el movimiento revolucionario en lo que hoy es la localidad de Casas Blancas a cuatro kilómetros de Vícam Pueblo, territorio Yaqui perteneciente al municipio de Guaymas, nació en mil novecientos quince una niña que fue registrada bajo el nombre de Mónica Modesta Matuz Tadeo, su gente la llamaba la Mala Yówe Jitevi (la Madre Curandera Mayor). No obstante las personas que la conocieron la citaban como María Matuz y el pasado treinta de julio, sorprendió la noticia de su fallecimiento a los noventa y siete años de edad.

Si bien como un reconocimiento a la labor de esta mujer yaqui, los medios electrónicos e impresos dieron una amplia difusión del suceso, fueron coincidentes al destacar su conocimiento de la herbolaria, así como sus dotes terapéuticas además exaltaron su perseverancia y compromiso de atender a los enfermos, gracias a su actitud logró un merecido prestigio en el ámbito nacional e internacional.

De las notas electrónicas o impresas publicadas vale destacar, que María Matuz sabía muy poco de español prefería hablar en su lengua materna es decir la yaqui o Yoeme. Que a los siete años se percató de sus dotes en la sanación de enfermos, fue a partir de los doce años cuando comienza a apoyarse en el uso de raíces y plantas, así como en la utilización de oraciones a la Divina Providencia o al Divino Jesús. Además que al atender a sus pacientes siempre mediaba la intermediación de alguna nieta o hija quienes ante el enfermo fungían como traductoras. Ésta mujer yaqui y curandera logró establecer su propios procedimientos terapéuticos María Matus, de esta forma consiguió curar diversos tipos de cáncer y de diabetes, declarados como incurables por la medicina alopática.

Durante 2008 la señora María Matus fue entrevistada por un medio local Vícam Switch, donde expone haber logrado resolver “…Dolencias, enjutamientos, salaciones, mala suerte, males puestos, mal de ojo, quebrantos del alma” padecimientos que ha interpretación de la entrevistada podían ser explicados “como simples complicaciones de del cuerpo humano visto en todas sus dimensiones.”

En vida con su oficio de cantora y curandera ganó el respeto de su pueblo, al morir su funeral se celebró de acuerdo a la costumbre yaqui y respondió a la jerarquía que doña María Matuz por su perseverancia alcanzó. Por esa razón, le fue ofrecida una ceremonia similar a la del Pueblo Mayor (máxima instancia en la estructura de gobierno tradicional yaqui). Las imágenes del sepelio difundidas por los medios nos muestran a una mujer de cuerpo pequeño, vestida de blanco y bordado a la costumbre yaqui, le acompañaban sus amuletos y una corona de flores. Su cuerpo fue trasladado a la guardia tradicional, más tarde a la iglesia de Vícam Pueblo y de acuerdo al protocolo, se escucharon los cantos en latín, danzaron los matachines así como los fiesteros de San Juan Bautista. Al atardecer del primero de agosto del dos mil doce María Matus fue sepultada en el ala izquierda de la iglesia de la Natividad.

En el afán de destacar el papel de doña María Matuz y apoyar a los interesados en el tema, se llevó a cabo una selección de vínculos conteniendo las notas periodísticas relativas al funeral, igualmente se identificaron dos productos de investigación que aportan datos interesantes y relacionados con el contexto de esta mujer indígena. El primero, se refiere a la tesis de Erica Merino quien nos ilustra sobre los sistemas curativos yaquis y el papel de las curanderas o hitebi, facultadas para atender la salud de los enfermos utilizando para ello plantas medicinales, oraciones y pactos con espíritus. Una segunda investigación es la de Raquel Padilla , la cual aporta valiosos testimonios de yaquis contemporáneos de María Matuz que al igual que ella fueron testigos del proceso de deportación que sufrieron los yaquis durante el periodo revolucionario.

Ambos trabajos de alguna manera resultan complementarios para entender la importancia que la señora María Matuz tuvo en el contexto yaqui, no solo como curandera también porque fue testimonio vivo de uno de los hechos históricos más cruentos de la historia de este pueblo indígena.