Leyenda Viva, Maria de la Luz Matuz

Historia: Testimonio de unas personas que visitaron a mi madre

A principios de diciembre del presente año fuimos a ver a una curandera yaqui de nombre María de la Luz Matuz, mejor conocida solo como María Matuz. Ella se encuentra localizada a cuatro kilómetros de Vicam, un pueblo que se encuentra entre Cd. Obregón y Guaymas, Sonora.

Nos movió el interés de poder ser atendidos por la Sra. Matuz, ya que en la familia hay algunos casos de enfermedades que los doctores no han podido curar. Sabíamos de antemano que la Sra. Matuz se habia hecho mas popular gracias a un reportaje al que accedió atender, por lo que nos arriesgamos a ir a sabiendas de que en el mejor de los casos la espera para que nos atendiera sería larga, y en el peor de los casos que nos diera cita para una fecha próxima.

En fin, nos armamos de mucha fe, y partimos en dos automóviles mi mama y mis dos hermanos, con sus respectivos conyugues e hijos, y un servidor. Salimos de la ciudad de Culiacán a las once de la mañana de un domingo, teniendo en cuenta de que llegaríamos directo a Vicam como a las ocho de la noche y directo a hacer fila para ver si podíamos ser atendidos.

 

Una vez que llegamos nos dirigimos con la persona que se encarga de anotar a la gente según el orden en que llegan. En general, ella es la encargada de llevar la agenda de las citas. Más tarde nos enteramos que esta persona es nieta de la Sra. Matuz.

Extrañamente, nos anotó para ese mismo día, es decir, que tal vez para las once de la noche la Sra. Matuz nos alcanzaría a atender. Pero como la señora Matuz dedica a cada persona de acuerdo al caso, el tiempo de espera entre persona y persona varía.

Cuando vimos que se acercaban las diez y media y todavía la persona que estaba delante de nosotros no pasaba, la encargada nos sugirió que nos anotaría en los primeros lugares del día siguiente ya que querían que la Sra. Matuz descansara, lo cual nos pareció mas que comprensible ya que de ninguna manera íbamos abusar de nuestra suerte de ser atendidos tan pronto, dadas las circunstancias.

Decidimos ir a un pequeño hotel en el pueblo de Vicam a pasar la noche. Regresamos a las ocho de la mañana del día siguiente. Muy buena hora, ya que nos había dicho la nieta que la Sra. Matuz empezaba a atender a las nueve de la mañana.

Como éramos once, decidimos entrar en tres grupos. El primer grupo en entrar sería mi hermana, su esposo y sus dos hijos. El segundo grupo sería mi hermano, su esposa y sus dos hijos y una cuñada de mi hermano. Y al último entraríamos mi mamá y yo.

Debido a que la nieta encargada del libro salió a un mandado, la Sra. Matuz empezó a atender hasta las once de la mañana, ya que llego su nieta. Para cuando entró el primer grupo ya era la una de la tarde.

Lo que contaré a continuación es la parte más relevante de mi historia, y las fotos que he subido junto a esta historia, si bien son recientes, no son fotos que haya yo tomado sino que fueron tomadas de un video que grabara la única persona a la que la Sra. Matuz le ha concedido una entrevista.

Antes de resumir lo que nos dijo a cada uno debo mencionar que según la Sra. Matuz no todas las enfermedades tienen un origen puramente físico sino que algunas veces son ?males puestos? por personas que nos tienen envidias y males deseos. Estas personas, es obvio, recurren a personas que saben como hacer este tipo de ?trabajos?.

También debo de mencionar que si bien la Sra. Matuz no se niega en atender a nadie si atiende primero a las personas que llegan con dolores intensos. Tal no era nuestro caso, pero si habíamos decidido en el camino a Vicam que si debido al gran número de pacientes que habría le daríamos prioridad a mi sobrina, a la cuñada de mi hermano y a mi mamá.

Mi sobrina tiene un desorden psicológico que se le presentó hace apenas unos dos años. La cuñada de mi hermano presentaba una depresión mórbida que la ponía mal de tiempo en tiempo, y mi mamá padecía desde hace muchos años del llamado ?maldeorin?.

Bien, cuenta mi hermana que al ver la Sra. Matuz a mi sobrina le dijo a ella ?le habían dado algo de comer?, es decir, alguien le había hecho daño poniéndole ?algo? en algún alimento. Al ver a mi hermana le dijo que su caso iba a requerir más de una cita por ser algo un poco difícil de tratar. A su esposo le dijo que debido a su tipo de sangre era difícil que alguien le pudiese hacer algún daño. A mi sobrino no le dijo nada. A todos ellos les dio una segunda cita para antes de finalizar el año, pero previamente tenían que tomarse algunos tes preparados con algunas yerbas que sus asistentes les habían escrito en un papel. Les dijo que la próxima vez trajeran cada uno muestras de orina, y algo muy importante, que teníamos que tratar muy bien a mi sobrina. Eso lo entendimos desde el punto de vista afectivo.

Cuenta mi hermano que a su cuñada, quien ese día en especial se había puesto mal, que la Sra. Matuz le empezó a sobar la cabeza y después de un rato de hacerlo le sacó un alfiler que luego le enseño. La cuñada de mi hermano al verlo dice que sintió una impotencia muy grande que quiso llorar. La Sra. Matuz le dijo que no llorara y ella se tranquilizó. Los hijos de mi hermano entraron dormidos debido a que son muy pequeños. A mi hermano y su esposa no les dijo nada en particular, pero si les dijo que se prepararan unos tes. Se me había olvidado mencionar que a todos nos sugirió que antes de empezar a tomar los tes debíamos purgarnos, además había olvidado mencionar que la Sra. Matuz habla solo en dialecto yaqui y necesita de asistentes que le ayuden a traducir lo que ella les va diciendo a sus pacientes.

Cuando entramos mi mama y yo mi mama le empezó a contar a la asistente todo lo que a ella le aquejaba. Una vez que mi mama terminó de hablar, la Sra. Matuz se untó una crema en sus manos y le empezó a sobar el vientre a mi mama. Al cabo de unos minutos de masaje la Sra. Matuz le muestra a mi mamá sus manos y en ellas ve unos alfileres y algunos pelos amarillosos, los cuales colocó en una especie de tapadera. Mi curiosidad me hizo pararme de la silla en la que me encontraba y me acerqué a ver de cerca la tapadera pero la asistente me dijo de manera firme que de ninguna manera intentara tocar lo que le habían sacado a mi mamá.

Yo había tenido una fractura en la rodilla izquierda jugando fútbol, y lo que la Sra. Matuz hizo fue sobarme la rodilla con una pomada y después de algunos minutos me sentí con mejor movilidad. A la fecha, mi rodilla está completamente sana pero no he querido apresurar en volver a jugar, creo que esperaré uno o dos meses más, hasta que las molestias hayan desaparecido en su totalidad.

Todavía estamos en espera de asistir a la segunda cita. Esperemos que todo salga muy bien.